Segunda ola: el impacto de las restricciones en el sector gastronómico

Gustavo Lazzari, Economista y miembro Vistage del G166 participó en LN+ y habló sobre el impacto de la segunda ola en el sector gastronómico.

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Vivimos en un mundo incierto e inestable que nos llena de preguntas, preocupaciones y miedos. Vivimos, también, en un país marcado por las rivalidades y los pensamientos binarios, por hinchadas que transforman cada discusión en una pelea y anteponen siempre las certezas a los argumentos. A este escenario de por sí desafiante se sumó, hace poco más de un año, una pandemia desatada a nivel global. Atravesamos desde entonces una situación extremadamente compleja, que nos empuja todos los días a poner el cuerpo, el alma y el corazón. Esa realidad se volvió aún más imperante en las últimas semanas, con la llegada de la segunda ola y el aumento sostenido de casos de coronavirus. Sin dudas, uno de los aspectos más delicados se cifra en las decisiones que se tomen sobre el sistema educativo. De cara a un futuro imprevisible, tenemos sin embargo la oportunidad de aprender de lo que sucedió y la responsabilidad de actuar en consecuencia. En este sentido, me gustaría compartir 5 lecciones que me llevo de este año transcurrido.

La primera lección es que la educación debe ser prioridad. Esto significa que debe ubicarse en un lugar absolutamente privilegiado de la agenda de políticas públicas, pero también que debe situarse por encima de la coyuntura partidaria. Necesitamos poder construir decisiones desde la evidencia y el diálogo y dejar de anteponer intereses particulares que no hacen más que limitar nuestra capacidad para lograr planes claros, progresivos, y consensuados colectivamente.

La segunda lección es que la educación es un derecho y por tanto es imprescindible que todos accedan. Después de un año en el que vimos aumentar peligrosamente el número de estudiantes que quedaron fuera de la escuela, diseñemos estrategias para que las propuestas incluyan a todos y cada uno, especialmente a quienes están en situación de vulnerabilidad. No podemos permitir que el sistema educativo siga excluyendo estudiantes y que la brecha educativa se siga expandiendo.

Esto nos lleva a la tercera lección: siempre que las condiciones sanitarias y epidemiológicas lo permitan, tenemos que asegurar la presencialidad. Debemos confiar en los protocolos construidos para la vuelta a las aulas y sostener las medidas tomadas hasta el momento, que demuestran que las escuelas no son foco de contagio. Para que todo esto sea posible, sin embargo, es condición indispensable asignar los recursos que sean necesarios de manera urgente y sostenida.

Cuarta lección: los estudiantes deben estar siempre en el centro de todas las acciones. Solo hay lugar para una tribuna, y es aquella desde la cual se puedan escuchar sus voces alto y claro. Estoy segura de que las decisiones no serían las mismas si hiciéramos el ejercicio de ponernos en su lugar y construyéramos a partir de esa experiencia.

Son tiempos inciertos y lo seguirán siendo. Esto nos interpela por completo, nos desafía, nos pide flexibilidad para adaptarnos al presente, templanza para mantener la calma y amor para sostener el propósito. Todos podemos hacer algo desde nuestro lugar. Yo, por ejemplo, me comprometo a redoblar mis esfuerzos y compromiso para acompañar a las comunidades educativas, poniendo el foco en la preparación, la adaptación, el sostenimiento de los vínculos, y el aprendizaje.

Como propone Enrique Pichon-Rivière: “En tiempos de incertidumbre y desesperanza, es imprescindible gestar proyectos colectivos desde donde planificar la esperanza junto a otros”. Nadie se salva solo, hoy menos que nunca. Última lección: no miremos para otro lado, no ignoremos lo que ya sabemos.

Directora Ejecutiva de Enseñá Por Argentina

Fuente: La Nación +