Coronavirus versus reloj biológico: por qué la cuarentena puede acelerar nuestro envejecimiento

Laura Maffei, especialista en endocrinología, miembro Vistage del G54 participó de una nota para el diario Clarín quien junto a otros especialistas analizan el impacto físico y psicológico que está causando la pandemia y explican las claves para contrarrestarlo.

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El envejecimiento es parte del ciclo natural de la vida. No todos tienen el mismo ritmo. ¿Quién no tiene un conocido que parece mayor a la edad que tiene? Es que la forma de envejecer depende de factores genéticos y estímulos externos. La clave es adoptar un estilo de vida saludable.
Contar con un tejido social de apoyo y relacionarse con quienes compartir, también es importante. La Universidad Manuela Beltrán de Bogotá, Colombia, determinó en un estudio que el deterioro psicológico y físico de los adultos mayores se acelera en medio del encierro. ¿Cómo envejecemos hoy? ¿A qué señales tenemos que estar atentos? ¿Se puede decir que estamos envejeciendo más en cuarentena? Distintos especialistas consultados por Clarín responden a estas cuestiones.“El confinamiento va absolutamente a contramano de todo lo recomendado para un envejecimiento saludable. Restringió el acceso a los controles médicos, a los servicios de psicología, kinesiología y nutrición e interrumpió muchas prestaciones domiciliarias. El distanciamiento físico afectó en forma significativa a los adultos mayores, incluso a los de larga edad” sostiene Miguel Bagnati, médico del Servicio de Neurología Cognitiva y Neuropsiquiatría de FLENI. Además, agrega que muchos desarrollaron depresiones refractarias a los antidepresivos ya que al estar privados del contacto con sus hijos y nietos, consideran que ha perdido sentido la existencia.

No hay dudas. La pandemia incide en la narrativa de la vejez. “Envejecer implica mantenerse integrado vincular, social y afectivamente, pero la coyuntura atenta contra esos sostenes. Gestionar procesos de aislamiento exige ejercitar una filosofía de vida de forma saludable para que la angustia no gane y los actos de autocuidado tengan un nuevo sentido teñido de confianza y no del miedo a morir”, fundamenta Claudio Urbano, científico de CONICET especializado en psicogerontología.

La revolución de la longevidad

La expectativa de vida alcanzó el nivel más alto de la historia. La mayor parte de la población tiene una esperanza igual o superior a los 60 años. “Según las proyecciones, 5.227.722 de personas en nuestro país se encuentran en este grupo etario. Entre los mayores, el grupo que más ha crecido es el de los que excede los 75 años. Esto es lo que hoy estamos llamando la revolución de la longevidad, para hacer visible el impacto que este fenómeno trae aparejado en la sociedad y las transformaciones que deben producirse en todos los sistemas”, conceptualiza Silvia Gascón, directora del Centro de Envejecimiento de la Universidad de Isalud.

Por su parte, Carlos Presman, médico gerontólogo, explica que la expectativa de vida disminuye en sociedades donde la desigualdad es muy grande y las condiciones de vida están asociadas a un estado de alerta. “Vivimos menos en aquellas comunidades donde estamos en hipervigilancia” puntualiza.

Envejecimiento saludable

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el envejecimiento saludable como “el proceso de fomentar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez”. Gascón detalla que las claves para envejecer son practicar actividad física, tener una buena alimentación, no abusar de consumos que pueden resultar tóxicos y aceptar el paso del tiempo, sin resignar aquellas actividades que sí pueden hacerse.

Por su parte, Laura Maffei, especialista en endocrinología clínica añade: “Cuanto más funcionales sean nuestros órganos a lo largo del tiempo, más saludable será nuestro envejecimiento. Esta extensa cuarentena impacta en el equilibrio necesario para conservar el funcionamiento adecuado del organismo”.

El estrés enemigo

Trastornos del sueño y la falta de integración social y de acceso a lugares de esparcimiento mermaron en la salud mental. Presman reflexiona sobre los mecanismos de estrés a los que vincula con las condiciones de vida donde pobreza y desigualdad resultan elementos influyentes en la expectativa de vida. “El impacto que tiene la longevidad en relación a la genética es del 10%, un 30% en las enfermedades preexistentes y un 60% depende de las condiciones y hábitos que se adopten”, explica.

Desde un punto de vista biológico, el envejecimiento es la consecuencia de la acumulación de una gran variedad de daños moleculares y celulares a lo largo del tiempo. ¿Qué implica? Bagnati explica que esto lleva a un descenso gradual de las capacidades físicas y mentales, un aumento del riesgo de enfermedad, y finalmente a la muerte. “Hoy sabemos que el estrés y la depresión están asociados con un riesgo elevado de enfermedad cardiovascular”, enfatiza.

Maffei advierte que el estrés crónico impacta en el circuito de placer, altera ritmos biológicos y puede condicionar un envejecimiento prematuro. “El temor al covid acelera la presencia de estresores. Hay que moverse y aprender a controlarlo. El paréntesis de hoy exige parámetros claros de salud. Practicar actividad física, hacer respiraciones conscientes y pausas activas, conservar un área de aprendizaje para estimular el cerebro y pensar en una estrategia que dé lugar a hacer algo por el otro pueden ser grandes aliados”, expone. Para Urbano, los estresores no tienen valor por sí mismos sino que están tamizados por la interpretación del sujeto.

¿Cómo envejecemos?

Todo proceso de crisis genera inestabilidad y supone un cambio. “La pandemia y la cuarentena construyen resonancias psicoafectivas que activan angustias pretéritas e incertidumbres respecto del presente próximo y del futuro. Cuestiones que no son menores en poblaciones de sujetos pertenecientes a cohortes etarias de mayores, quienes ven amenazada su integridad yoica y sus procesos de autoconservación. Esto exige un trabajo psicoafectivo para desencadenar acciones compensatorias que permitan tramitar de manera saludable estos tiempos de excepcionalidad”, desarrolla Urbano.

“Los factores que aceleran el envejecimiento remiten a la relación que establecemos con el medioambiente y con nuestros pares. Las comunidades que conviven sin tanta desigualdad, aun en condiciones de pobreza, son las que presentan mayor longevidad en el mundo. La cuarentena tiene muchos elementos ambientales que perturban”, interpreta Presman.

En la reciente Conferencia Mundial de Alzheimer, la Comisión The Lancet difundió que actuando sobre 12 factores de riesgo modificables se puede prevenir o retrasar el 40% de las demencias. ¿Cuáles son estos elementos? La hipertensión arterial, obesidad, menor nivel educacional, sedentarismo, hiperglucemia o diabetes, colesterol elevado, traumatismo de cráneo, excesiva ingesta de alcohol, baja integración social, depresión, polución ambiental y pérdida de la audición. “Este dato es importante porque convierte a las personas en protagonistas de su posible integridad cognitiva. Imaginen que con un control médico de varios de estos factores, una vida social activa y una dieta saludable podemos alejarnos del deterioro cognitivo y/o demencia”, cuenta Bagnati.

Edad cronológica vs. edad biográfica

Es amplio el abanico de edades en las especies. Mientras que una tortuga puede vivir más de 100 años, ciertas clases de moscas sólo unas horas. Uno de los desafíos del hombre ha sido vivir mayor cantidad de tiempo y con calidad. Se habla de la “sexalecencia” para describir cómo los de más de 60 transitan una etapa activa laboral, sexual, de proyectos, que hace 50 años atrás era impensada.

“La edad cronológica enmarca al sujeto en una etapa vital, pero afortunadamente en la actualidad ha perdido vigor encasillarse de este modo. La persona siente que es más joven que la edad que el calendario le va marcando”, cuestiona Bagnati. Por su parte, Presman define a la edad cronológica como un mero indicador. “La edad biográfica tiene un impacto superior en la longevidad que la edad contada en años. No es lo mismo nacer en CABA que en Córdoba, haber fumado o haberse hecho cirugías”, ilustra.

Figuras públicas bajo la lupa del estrés

Las rápidas canas del ex Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, recorrieron el mundo. Un estudio de la Universidad de Harvard y de la Universidad de Massachusetts, publicado en el British Medical Journal, ilustra cómo envejece el estrés al que está sometido una figura pública. El objetivo del trabajo fue demostrar si ser presidente de un país se asocia con una mortalidad acelerada y determinar cómo influye la responsabilidad política en las expectativas de vida de una persona, una vez alcanzado el poder. Los resultados mostraron que los líderes electos viven menos años y sufren un “envejecimiento acelerado”, debido al incremento de los “niveles de estrés del liderazgo y la vida política”.

“El rol de primer mandatario de un país en condiciones de crisis socioeconómicas sumado a un factor inédito para la humanidad, como lo es esta pandemia, representan una carga de estímulos estresantes que acelera los procesos de envejecimiento”, señala Presman.

¿Cuánto influye la cuarentena?

No hay estadísticas, pero Urbano explica que se está trabajando en interpretar cuáles son las cuestiones sociales que pueden tener consecuencias post pandemia. “Hoy, por ejemplo, no se puede determinar el impacto que puede tener un ritual, como lo es la despedida de un familiar, predeterminado por protocolo”, indica.

En este sentido, Presman rescata experiencias de personas que, a pesar de la cuarentena, han podido sostener un proyecto y expectativas de futuro. “Aún, no hay trabajos a largo plazo sobre el impacto que va a tener la cuarentena en la longevidad. Pero estamos viendo el efecto que ha tenido el coronavirus en la mortalidad de adultos mayores. Los autoválidos, no residentes de geriátricos, tienen mayor resiliencia que los jóvenes porque tienen un aprendizaje de vida en soledad previo a la cuarentena y así toleran mejor la angustia, la ansiedad y la depresión”, deslinda el especialista.

La temporalidad es condición necesaria para continuar ciclos vitales. Como postuló Charles Darwin, no sobrevive el más inteligente sino el que mejor se adapta.

Fuente: Clarín