Superó la crisis del 2001 y ahora no teme volver a reinventarse

Adolfo Bonfiglio, dueño de Anclaflex y Chair Vistage, sigue transmitiendo sus ganas de superarse a pesar de la pandemia. Les compartimos la nota que brindó para Clarín donde cuenta cómo encontró oportunidades en tiempos difíciles.
¡Sin dudas, un ejemplo a seguir!

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Entre baldes de pintura, revestimientos y masilla, Alfonso Bonfiglio piensa una estrategia para afrontar la cuarentena.
Durante meses, su empresa no entró en las excepciones, pero ahora, con la nueva flexibilización, el panorama empieza a mejorar. A sus 74 años, se detiene a ver uno de sus productos y recuerda épocas más duras, como la que vivió en el 2001 cuando fundó su compañía de elementos para la construcción. Después de tanto esfuerzo, está convencido de que va a salir adelante.

Mientras recorre las calles de Acassuso, en San Isidro, piensa cómo alcanzará ese objetivo. A pesar del barbijo,  caminar por el barrio de su infancia lo ayuda a reflexionar. Desde sus tres años que se convirtieron en su hogar, cuando en 1949 su familia llegó de Italia en busca de una mejor vida. Con la mente en el trabajo analiza el largo parate, la caída de las ventas y la mala situación del rubro, sabe que no será fácil. Por eso, centra su mirada en otros países. Más allá de las complicaciones, la pandemia parece brindar algunas oportunidades, y el empresario quiere aprovecharlas.

Sus productos se necesitan en Uruguay y Bolivia, que dejaron de comprar a China o Estados Unidos. Ahora, sus exportaciones se triplicaron con respecto a años anteriores.

Más allá del contexto, Bonfiglio piensa que si hace 19 años pudo superar aquella crisis, y fundar su empresa, por qué no sobrepasará esta.

En aquel entonces tenía 55 años y era gerente de una multinacional, pero la compañía decidió el cierre de dos fábricas y en consecuencia su despido.

Sin recursos, ni grandes ahorros, buscó la forma de reinsertarse en el mercado. A pesar de su experiencia, ninguna empresa estaba dispuesta a tomarlo. Junto a otro colega, que estaba en la misma situación, decidieron crear una fábrica de elementos para la construcción. Durante días, se reunieron en una vieja carnicería, de Villa Adelina, para elaborar la fórmula de su primer producto, masilla para placa de roca de yeso. “Queríamos hacer algo de calidad e igualar a la mejor del mercado, porque veíamos que el 50% de la masilla que se usaba era importada, cuando saliéramos del 1 a 1 no se iba a poder comprar más.

Ahí pasamos de vender 2.000 baldes a más de 7.000”, recuerda Bonfiglio, quien también es contador. Sin embargo, al principio todos rechazaban su producto por desconocer la marca, pero gracias al apoyo de un instalador lograron ganarse la confianza de todos y crear Anclaflex.

Esa experiencia también lo llevó a pensar en cómo ayudar a la gente más vulnerable , por eso aprovechó la cuarentena para organizar cursos de capacitación en las cárceles bonaerenses.
“Les mostramos nuestros productos y les enseñamos cómo colocarlos, para que cuando salgan tengan una chance de trabajo. Es bueno que pierdan el miedo a manejar herramientas”, destaca Bonfiglio. Si bien la charla se tuvo que dictar por Zoom, el directivo de Anclaflex asegura que darán la parte práctica una vez que termine la cuarentena. Es la primera vez que la compañía implementa la idea junto al Servicio Penitenciario.
El trabajo lo llevó a afrontar desafíos, pero también a disfrutar de ciertas alegrías, como tener la publicidad de su marca en la cancha de su amado club: Racing.

La felicidad no termina ahí, después de ciertos acuerdos el empresario logró asociarse y trabajar con la Academia. Anclaflex le brinda a la institución elementos para sus obras y reformas.

Pero todo este trabajo se logró gracias a la cultura e idea de familia que predomina en la empresa. Según Bonfiglio, es la manera de trascender: “Estoy contento con lo que transmitimos a toda la gente que pasa por la compañía. Los trabajadores son familia, tratamos que ninguno se vaya.

Me gustaría dejar algo, como un legado, y creo que así se construye”. Incluso su hijo Emiliano forma parte de la
marca, se destaca como CEO después de años de formación .

Lo que empezó como ‘ganar unos mangos y sobrevivir’, se transformó en un gran negocio. Es la base con la que Bonfiglio espera cumplir su sueño: ser líder de mercado. Pero no por más ventas, si no por tener la mejor
cultura dentro de su empresa.

Fuente: Clarín.