El liderazgo después del Covid-19

Se terminó el viejo y confortable hábito de mirar el futuro por el espejo retrovisor. El pasado ya no servirá de antecedente o fuente de información para diseñar el futuro.

Las empresas, por lo general Pymes, poseen un estilo de management impulsado por un líder conductista. Alguien a quien todos siguen simplemente por una mecánica de premios y castigos. Este estilo es antiguo, pero ¿cómo explicarle a un líder que levantó una empresa a su manera, fue exitoso y las cosas le han ido medianamente bien? La única respuesta posible es: Lo único permanente, y cada vez más rápido, es el cambio.

Nada será igual después del Covid-19. Si los cambios venían rápido, situaciones dramáticas como este virus lo aceleran mucho más. Individuos, comunidades, sociedades enteras, empresas encararán la vida con un nuevo mapa. Con una historia que comenzó con el virus y que se ira escribiendo día a día por sus propios protagonistas. Se terminó el viejo y confortable hábito de mirar el futuro por el espejo retrovisor. El pasado ya no servirá de antecedente o fuente de información para diseñar el futuro.

El crecimiento geométrico de toda la información y servicios en plataformas digitales era, casi, una obviedad. Hoy podemos hacer todo vía el Smartphone o la compu. Ante una “cuarentena” forzada por las circunstancias la solución es perfecta. Por ello, el líder conductista, el señor otrora exitoso ¿cómo quedará hoy?

El líder que deberíamos esperar es aquel capaz de generar espacios o ámbitos donde los valores sean comunes a todos. Con un proyecto o propósito compartido y que esta situación genere una comunión de ideas entre todo el equipo donde, extrañamente (¿…o no?), el líder debe ser uno más.

Un equipo disruptivo, capaz de generar nuevos mercados a partir de ideas/proyectos que no estén avalados por algo como “…así lo hacíamos y funcionaba…”. Que se entienda bien, disruptivo es que se cambian las reglas y eso es lo que ha hecho el Covid-19. Nos cambió como ser humano, como sociedad, como habitantes del mundo.

El líder buscado es aquel que entienda que, en el terreno de la experimentación, de la búsqueda, los errores existen y de ellos se aprende. No puede ser un inhibidor del aprendizaje creativo. El camino hacia la innovación y el cambio está plagado de errores. Errores que normalmente frustran y ahí es donde –nuevamente– el Líder debe operar para que su equipo/comunidad/empresa, cultive la fortaleza emocional. Daniel Goleman decía en su libro “La inteligencia emocional” que era imprescindible trabajar para evitar el “secuestro emocional”, allí donde el individuo deja de pensar para actuar por impulsos primarios. Esa es la forma en que evitamos la elaboración, el desarrollo del proyecto/idea.

Y volviendo al Líder conductista, hoy su empresa no estará en las mismas condiciones que pre-Covid-19. ¿Su mercado, sus Clientes, sus competidores, serán los mismos? El pasado ya no servirá de antecedente o fuente de información para diseñar el futuro. La visión que comparta el nuevo líder con su ámbito de desarrollo, debe ser una visión compartida por todos.

Una visión que genere el compromiso natural que necesitan los grandes proyectos. Y esa visión tienen que estar orientada a un futuro próspero para esa comunidad/empresa.

¿Puede una empresa tener un futuro próspero sin Clientes? No tener visión te hace indolente. Te convierte en un indiferente con respecto al futuro, por lo tanto, falto de estímulo y sin vocación de resiliencia. Un equipo con una visión clara, que abrace los mismos valores, es potente, creativo y dinámico. Esa dinamiza es la que hace falta para darse cuenta que todo se ha modificado. Que las preocupaciones que tenía mi Cliente antes son otras, por lo tanto, debe generar una red de valor que me haga atractivo nuevamente para – valga la redundancia – los nuevos Clientes.

Como bien dice Juan Carlos Lucas, cuando distingue líderes. Pueden ser colaborativos, disruptivos o resiliente. Mi propuesta es: necesitamos un líder para la nueva generación. Y no será ni uno, ni otro, será un Líder completo, que sepa despertar de cada uno su fortaleza singular, que pueda estimular una gama de errores que permitan aprendizajes continuos y finalmente: con la capacidad de aceptar sus contratiempos, generar experiencias de los mismos y que pueda fluir muy creativamente dentro de la comunidad/organización de forma tal que sea el líder a seguir, no el líder a obedecer.

* Coach – Consultor. GroupChair VISTAGE (Fuente www.perfil.com).