Qué proyectan las empresas para 2020 a la hora de definir sus presupuestos

Dólar a 75, inflación en 38% e incrementos salariales de entre 37 y 40%, esas son algunas de las proyecciones que las empresas hacen para el año próximo, según un sondeo de SEL Consultores. El 48% de los empresarios estima que 2020 será peor que el año que termina, mientras que el 34% considera que será igual. Las previsiones están rodeadas de incertidumbre, sobre todo las de inversiones y empleo. De acuerdo con un relevamiento de Vistage, la mayoría de los empresarios, el 82%, cree que el nivel de empleo estará igual o peor que hoy. El mismo porcentaje estima que la inversión también se mantendrá o será inferior a la actual. Y considera que las principales prioridades de Alberto Fernández deberían ser las reformas fiscal y laboral.

A la espera de la inversión

Una variable que resulta difícil de proyectar es la inversión. Según el Índice de Confianza Vistage, que recoge las respuestas de 427 empresarios, CEO, gerentes generales y dueños de empresas, 53% estima que la inversión en activos fijos de su empresa se mantendrá igual, 29% dice que disminuirá y 18% opina que aumentará. “El porcentaje de los que dicen que no invertirán es alto, comparado con mediciones anteriores”, subraya Alejo Canton, presidente de Vistage Argentina.

Según remarca el directivo de Vistage, el Índice de Confianza sufrió en su última versión una de las peores caídas de los últimos cinco años. “Un indicador importante de este trabajo es la perspectiva de inversión en activos fijos, por lo que el hecho de que solo 18% de los encuestados diga que piensa aumentar la inversión en los próximos 12 meses es una clara señal de la desconfianza que reina en el empresariado”, concluye Canton.

¿Qué se espera, entonces? “Lo que escucho entre el empresariado es que se espera una economía más cerrada, una reactivación inicial del consumo, caída de la inversión, reducción de la importación, aumento de la industria argentina, una probable ayuda a las pymes en detrimento de las multinacionales o grandes empresas, un fuerte aumento del turismo y cero avance en reformas, como la laboral, la tributaria o la previsional”, responde Canton.

Vienni explica que la inversión nunca se da en el vacío, porque se invierte para vender. “En los últimos ocho años la inversión industrial per cápita cayó 19%, algo que seguirá cayendo este año y el siguiente. Para revertir esto se tiene que recomponer el nivel de ingresos, reactivar la actividad y tener un apoyo del sector financiero”, sugiere.

Por otra parte, José María Segura, economista jefe de PwC Argentina, analiza que, dado que la utilización de la capacidad instalada actualmente es de 60,5%, nada haría pensar que en el corto plazo pueda haber inversiones para aumentar esa capacidad instalada, al menos en aquellos sectores volcados al consumo interno. “Acá no va a haber inversión de ampliación. Sí puede llegar a haber desembolso para capital de trabajo (materia prima, stock de bienes terminados y créditos por ventas), pero para eso se va a depender mucho del financiamiento disponible”, indica.

Di Fiori afirma que la acción de invertir es una apuesta a futuro que depende de las expectativas que tenga el empresario y de las condiciones más o menos atractivas que se generen en la economía a partir de las políticas públicas implementadas por el nuevo gobierno. “En ese sentido, urge establecer un sendero de reducción del denominado costo argentino, siendo fundamental la baja de la carga tributaria, aunque no pueda esto materializarse de inmediato debido a las necesidades fiscales”, agrega el directivo.

Por supuesto que si se pone la lupa sobre los distintos sectores, se puede ver que las realidades de las empresas son diferentes. “Hay sectores, como el de energía, donde puede haber un programa especial del nuevo gobierno para fomentar la inversión. Ahí no solo es la inversión en extracción, sino en la creación de infraestructura que permita trasladar la producción a los puntos de consumo y los puertos de exportación”, señala Segura.

Otro sector que típicamente ha recibido inversiones, pero en 2020 va a depender de la estructura financiera del gasto público que se establezca hacia adelante, es el agropecuario. “Es un sector que ha mostrado dinamismo y con el actual tipo de cambio debería ser competitivo, pero hay que ver cómo queda su ecuación luego de establecido el plan del nuevo gobierno y cómo se repartirán las cargas tributarias”, dice Segura.

Un rubro bastante particular es el de la construcción: por un lado, es el sector al que destinan sus ahorros los sectores generadores de ingresos; por otro lado, el costo de la construcción en dólares está competitivo. Sin embargo, los analistas no ven una recuperación inmediata, sino más bien para fines de 2020.

¿Y por el lado de la industria automotriz? “Al igual que otras exportaciones industriales, las de este sector son muy sensibles a la relación con Brasil, por eso van a depender mucho del desempeño de esa economía y del mantenimiento de los acuerdos bilaterales vigentes. Para Brasil no se espera un rebote significativo en el mediano plazo, por lo que no vemos una gran tracción de demanda. Habrá que ver si se concretan acuerdos con nuevos mercados, pero hoy eso no se sabe”, responde Segura.

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