La Nación: Alfonso Bonfiglio, nunca es tarde para empezar de nuevo

MINIBIO. Formación: tiene 72 años, tres hijos, dos nietos y es contador público de la UBA. Carrera: trabajó en grandes compañías como Fate, Aluar, Etex y Durlock, fue uno de los cofundadores de Tec Argentina; formó parte de los orígenes de Vistage Argentina.

A los 55 años y después de haber hecho toda su carrera en relación de dependencia, Alfonso Bonfiglio se encontró de un día para el otro en la calle. La empresa en la que trabajaba como director delegado (un cargo similar al de CEO) del grupo belga Eternit había decidido reducir sus operaciones en el país y desvinculó a muchos de sus ejecutivos. En la volteada cayó Bonfiglio, que lejos del prototipo del joven emprendedor recién salido de la universidad que está con ganas de llevarse el mundo por delante, era un ejecutivo acostumbrado al mundo corporativo, con una familia que mantener y un ritmo de vida importante. El momento no era precisamente el mejor para iniciar un nuevo proyecto: marzo de 2001.

“No me quedó otra que asociarme con otros dos ejecutivos que se habían quedado sin trabajo y empezar de cero. Yo venía de ser CEO de una compañía y siempre recuerdo que el primer contrato que tuvimos fue para participar en una obra de una fiambrería de 50 metros cuadrados en Villa Adelina. Pero la verdad es que de entrada nos fue muy bien y rápidamente empezamos a crecer”, recuerda hoy Bonfiglio, que continúa al frente de Rapsa, la empresa de materiales para la construcción, como revestimientos, pinturas y pisos que comercializa con la marca Anclaflex, que hoy emplea a 80 trabajadores y factura $300 millones anuales.

1. No dejar pasar la oportunidad:

Con apenas 20 años, Bonfiglio había dejado la facultad para concentrase en el trabajo. Un ía jugando al útbol en un club de San Isidro se enfrentó con el equipo de la fábrica de Fate, que en ese momento estaban haciendo la pretemporada para comenzar el supercompetitivo torneo interindustriales. “Yo jugaba muy bien al fútbol y ese día la rompí. El director de Recursos Humanos de Fate me vio y me propuso que empezara en la fábrica y de paso jugará en la selección de la empresa. Me acuerdo de que se me asignaron al área de programación de producción. Ahí aprendí todo lo que hace una fábrica desde cero y terminé trabajando por casi veinte años”.

2. Aprender de los que saben

Con 25 años cumplidos, casado y una hija, Bonfiglio fue confiando por su jefe en Fate a estudiar una carrera universitaria para poder ascender en la empresa. Con este mandato, empezó a cursar en la Facultad de Económicas de la UBA y cuatro años después se recibió de contador público. En el medio, el fundador de Anclaflex asegura que nunca dejó de capacitarse. “A Fate en ese tiempo la llamaban ‘la Escuelita’ porque realmente era un lugar de capacitación único y en el que tuve la suerte de poder trabajar con alguien excepcional como fue Manuel Madanes, que se reunía con los empleados más jóvenes y nos daba clase de management impagables. Otra persona de la que aprendí muchísimo fue Francisco Soldati, cuando el grupo Etex en el que yo estaba se asoció con Comercial del Plata. Y siempre también destacó a los belgas de Etex. No eran precisamente grandes pagadores, pero lo que no ganabas en sueldo te lo compensaban con capacitación. Con ellos viajé por todo el mundo para hacer cursos y la verdad es que aprendí un montón del negocio”.

3. Siempre tener un plan.

Bonfiglio asegura que una de las claves del éxito de Anclaflex es haber trabajado con un plan de negocios muy claro que buscaba anticiparse a los cambios del mercado de la construcción. “Cuando lanzamos la empresa, en tiempos del 1 a 1, la mitad de las macillas que se vendían en el país eran importadas de Estados Unidos y tenían una composición mucho más Bonfiglio que las que se fabricaban acá. En ese momento, no había que ser un genio para darse cuenta de que el 1 a 1 no iba a durar para siempre y por eso empezamos a desarrollar una fórmula local para reemplazar a la importada. Cuando el dólar se fue a 4 pesos, empezamos a vender muy bien porque todos querían nuestra macilla, que era similar a la que se traía desde Estados Unidos”. Otro de los puntales de Anclaflex, asegura Bonfiglio, es haber contado con un acuerdo de accionistas que señalaba concretamente qué pasos seguir para incorporar a las nuevas generaciones a la empresa familiar. “Si una empresa familiar no tiene un protocolo bien claro y preciso, cualquier problema puede convertirse en el principio del fin. Por eso nosotros tenemos un protocolo que respetamos todo el tiempo. Por ejemplo, le exigimos a cada familiar que se incorpora una serie de reglas, como un título universitario”, asegura.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/2186844-sin-titulo