Historia de Vistage Argentina. Pasado, presente y futuro.

(O de cómo la película de un matemático loco me llevó a descubrir mi pasión por colaborar con los demás)

En el año 1998, después de haber pasado algún tiempo fuera del país, volví a la Argentina con la intención de convertirme en un joven empresario del cine. Por esos días el sexgate había llevado al presidente Clinton a juicio político, el dictador Pinochet había sido detenido en una clínica de Londres y en Argentina los últimos estertores de la era menemista se mezclaban con la muerte de Yabrán y con el triunfo incontestable en lo deportivo de Boca Juniors. Tres años antes, aburrido de la industria financiera, había decidido irme a estudiar un MBA a Los Ángeles con la esperanza de encontrar un nuevo rumbo para mi vida profesional. Mientras estudiaba en UCLA, situada a mitad de camino entre Hollywood y Venice Beach, conocí al que sería mi socio en nuestra flamante empresa Mundos de Cine.

Sin tener mucha idea de lo que significaba ser un empresario de éxito ni de lo que se necesitaba para conseguirlo, aterricé en Buenos Aires con los derechos de nuestra primera película. Se trataba un film bastante desconocido en el panorama internacional pero que había ganado el premio al mejor director en el prestigioso festival de cine independiente de Sundance. Su nombre era Pi, como el número, y trataba acerca de un genio matemático que, en el intento de dar con la ecuación que explicara las fluctuaciones de los mercados de valores, encontraba un número que para la cábala judía representaba el verdadero nombre de Dios.

Éramos jóvenes y teníamos todo el entusiasmo propio de la edad, pero pronto nos dimos cuenta de que si queríamos convertirnos en empresarios de éxito íbamos a necesitar mucho más que eso. En ese momento recordé que durante mi MBA había tenido una experiencia fantástica con Vistage, una organización privada que tenía un acuerdo con la UCLA para armar grupos de estudiantes con aspiraciones emprendedoras y darles un servicio similar al que le daban a sus clientes empresarios. La experiencia consistía básicamente en poner en común las problemáticas y desafíos de cada uno para, entre todos, buscar la mejor manera de enfrentarlos.

Sin dudarlo, me puse a la tarea de reunir un grupo de jóvenes empresarios como yo para poner en práctica lo aprendido en aquella experiencia. Los resultados fueron tan extraordinarios que no sólo logramos hacer crecer nuestras empresas, sino que al poco tiempo, y sin que yo moviera un dedo, el boca a boca hizo que me empezara a llamar gente que no conocía y que quería entrar en el grupo. Así fue como tuve que armar un segundo grupo. Y después un tercero. Lo que había nacido como una iniciativa espontánea que sólo pretendía generar un canal de encuentro entre jóvenes empresarios, se me mostró de repente como un proyecto que, además de permitirme ganarme la vida, ponía en práctica una forma de hacer en la que sólo entonces me di cuenta que creía profundamente, y que consistía en poner a disposición de un grupo de personas las habilidades y la experiencia de cada uno con el objetivo de beneficiar a todo el conjunto. Tanto me entusiasmó la idea que al poco tiempo abandoné mi proyecto de distribuidora cinematográfica y me tomé un avión a Estados Unidos para comprarle a Vistage la licencia para Argentina.

Vistage Argentina arrancó oficialmente en el año 2000, y después de superar la crisis del 2001 y de lograr argentinizar un modelo que venía funcionando particularmente bien en los países anglosajones, empezamos a tener un crecimiento sostenido y robusto que continúa hasta nuestros días.
Arranqué con Vistage a los 29 años. En ese momento mi objetivo consistía en ser mi propio jefe y en ganar lo suficiente como para poder tener una vida cómoda que me permitiera combinar mis actividades profesionales con ciertas búsquedas espirituales que siempre me habían rondado. Como suele ocurrir, el ajetreo del día a día se fue quedando con el tiempo que supuestamente iba a ser destinado a esas otras actividades.

Hoy mi situación es diferente. Tengo 45 años, una mujer y tres hijos maravillosos, y el crecimiento de mi empresa y de mis chicos ha hecho que poco a poco tenga algo de tiempo para mí. Eso me permitió pararme a reflexionar acerca de cómo quería seguir. Lo primero que pensé fue que debía contratar un Gerente General para que manejara la empresa y poder dedicarme así a retomar el contacto con el yoga, la meditación y otras actividades que tienen que ver con la participación en acciones de bien social y medioambientales que había dejado de lado durante casi quince años. La idea era que si conseguía dedicar menos tiempo al trabajo tendría más tiempo para mi desarrollo personal. Dediqué gran parte del 2014 a evaluar a fondo esta decisión, y con mucha reflexión y terapia de por medio, concluí que ese no era el mejor camino. Lo que tenía que hacer era encontrar la forma de aunar esos diferentes aspectos de mi vida en uno solo.

La vida laboral y la vida personal –o al menos así es como lo entiendo hoy- no deberían ser nunca dos cuestiones que vayan por carriles separados, que se manejen con parámetros separados ni que funcionen con sistemas de valores separados. Día a día mi experiencia en Vistage me había ido mostrado que convertirme en un buen empresario implicaba necesariamente convertirme en un buen administrador de mi propia vida. ¿Para qué hago lo que hago? ¿Hacia dónde quiero dirigir mi vida? Mientras las respuestas a esas preguntas sean diferentes en lo que respecta a mi vida personal y profesional nunca podré llegar a ser una persona completa. Y todo lo que mis prácticas espirituales me habían enseñado apuntaba a lograr entenderme como una completud, no como un ser fraccionado que tenía diferentes personalidades según la hora del día y el cargo que le tocara desempeñar. Entonces fue que entendí que la empresa que estaba dirigiendo me ofrecía unas posibilidades muy interesantes para juntar ambas cosas. Como el matemático que buscando la fórmula para entender los mercados de valores había dado con el nombre de Dios, así me había pasado a mí que intentando montar una distribuidora de cine independiente había dado con la fórmula de ayudarme ayudando a los demás.

¿Por qué les cuento todo esto? Porque como miembro de esta comunidad siento el deseo y el compromiso de compartir con ustedes hacia dónde estoy pensando orientar mis esfuerzos en el futuro. Sin descuidar en lo más mínimo lo que hemos venido siendo hasta ahora, creo que a Vistage le toca poner la vista en el siguiente paso, uno que además de permitir que nos ayudemos unos a otros como hemos venido haciendo, contemple también el lugar que ocupamos en la sociedad.

Creo que los desafíos sociales, ecológicos, empresariales y personales a los que nos enfrentamos hoy son enormes, y que a los empresarios nos toca jugar un papel fundamental en el rumbo que todo esto tomará. En un momento en el que los estados hacen agua como rectores de los destinos de las naciones y en el que los sistemas de valores que un día compartimos han quedado obsoletos, el papel que desempeñamos quienes dirigimos las empresas se está empezando a volver cada vez más decisivo. De la forma en que nos comportemos y de los modelos que establezcamos dependerá en gran medida el tipo de reglas de juego que se establezcan en la sociedad. De cómo actuemos hacia afuera, con nuestros clientes y proveedores, pero también de cómo actuemos hacia adentro, con nuestros pares y subalternos, ya que a través de ellos influiremos también en sus familias y en la comunidad en general. Esa es la oportunidad que hoy se nos presenta y que Vistage, como empresa, ha decidido aprovechar.

¿De qué modo? Vistage, como organización, ha decidido enfocar parte de sus esfuerzos a asumir ciertas responsabilidades que yo mismo, como persona, he decidido empezar a cuidar. Vistage ha decidido, entre otras cosas, transformarse en una empresa que utiliza el poder el mercado para dar solución a problemas sociales y medioambientales. Una empresa que opera bajo altos estándares de calidad no sólo para sus miembros, sino también a nivel social, ambiental y de transparencia, y que toma decisiones considerando no sólo los intereses financieros de sus accionistas, sino también otros de largo plazo como los de sus empleados, proveedores, clientes, medio ambiente y comunidad en general.

Algunos de los objetivos específicos que Vistage se ha propuesto para este 2015 son:

  • Poner nuestras cuentas a la vista de quien las quiera revisar para que todo el mundo –Miembros y no Miembros- pueda saber lo que hacemos con el dinero, cuánto ganamos y en qué lo invertimos, de manera que todo el que se relacione con nosotros sepa con quién está tratando en realidad.
  • Fijar un techo de 10% de rentabilidad neta anual y comprometernos a donar el 100% de toda ganancia que exceda ese techo.
  • Donar el 25% de esa rentabilidad neta anual a fines solidarios y aumentar gradualmente ese porcentaje hasta llegar al 50% dentro de los próximos diez años.
  • Liderar un nuevo Centro Empujar en Belgrano para ayudar a veinticinco jóvenes de bajos recursos a acceder a su primer empleo.
  • Minimizar nuestro impacto medioambiental certificando la huella de carbono histórica de la empresa, donando el monto equivalente a esa huella como resarcimiento ambiental e incorporando indicadores medioambientales en la gestión.

Como les digo nada de esto hará que varíe nada de lo que venimos siendo y haciendo hasta ahora de cara a nuestros miembros. Sólo dará una orientación a largo plazo que guiará el “para qué hacemos lo que hacemos”, esa pregunta a veces incómoda pero tan necesaria si queremos descubrir y comprender nuestra verdadera identidad.

El próximo paso de Vistage consiste en dejar de poner el foco en ser una de las mejores empresas de la Argentina para pasar a esforzarnos por ser una de las mejores empresas para la Argentina. Una empresa que, sin descuidar nunca el objetivo de la rentabilidad y el servicio que presta a sus miembros, enfoque esa rentabilidad hacia casusas que favorezcan el beneficio de toda la comunidad. Porque el día de mañana tal vez nuestros hijos no sean parte de Vistage, y me gustaría pensar que, estén donde estén, hemos contribuido de algún modo a que encuentren un entorno un poco más humano en donde desarrollarse y trabajar.

Si querés saber más acerca de todo esto, entrá en MyVistage Próximo Paso
Alejo Canton.